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lunes, 14 de febrero de 2011

Las Princesas

Las Princesas



Érase una vez, hace muchos, muchísimos años. Antes de que los dragones fueran enviados al mundo de la fantasía.

En una casita blanca, en las afueras de un pueblo blanco, al lado del mediterráneo, vivía una niña. Su padre, como casi todos los hombres allí, era pescador. Apenas  pasaba por casa. Siempre estaba en el mar. Su madre, siempre atareada, no tenía mucho tiempo para jugar con ella.

Arayáis, que así se llamaba la niña, era muy bella. Cuando nació, de pie, sus padres se sintieron afortunados.  La niña traía algún don, según la creencia de su pueblo. Mamá deseo que fuera muy guapa y papá quiso que tuviera buen corazón.

Fue haciéndose mayor y los niños le iban teniendo miedo. Ella siempre adivinaba lo que querían y lo que pensaban. Les decía cosas que iban a ocurrir. A los lugareños, esto, no les hacía mucha gracia.

Con apenas nueve años se dio cuenta de que sus amigos y amigas no querían jugar con ella. Como sabía que iban a hacer, les ganaba en casi todos los juegos,  y esto a los otros niños no les gustaba nada.

Cuando tenía 15 años conoció  a un joven pescador. Tres años  mayor que ella.  El chico le decía que la quería, pero  ella, notaba que había cosas que no le decía. Siempre la quería besar y tocar. No es que eso no le gustara, pero había otras cosas importantes como la amistad, la sinceridad, la vida, o el mar.

Faltaban siete días para que Arayáis cumpliera 18 años. Hacía tiempo que no veía al joven pescador. Pocas veces ella iba por el pueblo.  Caminaba horas y horas por la playa. Cantando canciones a la olas se acompañaba en sus solitarios recorridos.

Esa tarde, una semana antes de su cumple, se entretuvo jugando con gaviotas. La noche llego rápidamente. Las oscuridad iba tapando los colores. La joven escucho un fuerte aleteo. Tuvo miedo y se tumbo en la arena. El batir de alas se aproximaba. Estaba aterrada. Cerro los ojos y estaba a punto de gritar, cuando escuchó:

-       “No tengas miedo, no quiero hacerte daño.  Sólo quiero  hablar, de la luna, de la noche,  del sol, del día, de la amistad,  de la confianza, de la vida, del mar….

Poco a poco sacó la cara de la arena. Delante de ella había un enorme dragón mágico.  Lo miró intrigada. Había oído hablar de ellos y de su magia. No le pareció que quisiera engañarla, pero ya era tarde tenía que volver a su casa. Con un poco de susto que le quedaba, le dijo al dragón:

-       “Mañana si quieres, ven antes, hablaremos”
-       “Que así sea” – contestó el animal..
-       “Pues bien” – dijo ella – “hasta mañana”.

En su hogar, mientras  preparaba la cena, algo la tenía intrigada. No había sabido que iba a pasar cuando estuvo asustada.

A primera hora de la tarde, el dragón esperaba en la playa a la muchacha. Metido dentro del agua, jugaba a saltar las olas. Con cada salto el agua salpicaba tanto que la arena de la playa  estaba toda mojada.

-       “Estás empapando todo – dijo Arayáis  cuando llego.

Los dos se rieron. Se sentaron frente a frente. Hablaron y hablaron. Rieron  y jugaron. Arayáis supo que el dragón se llamaba Zuriel. Conoció historias de príncipes  malos y buenos, de labradores buenos y malos, de bellas princesas.y de campesinas Historias de castillos, de palacios, de pueblos y de aldeas que el dragón le contaba. Se vieron todas las tardes  hasta el día de  antes de su cumpleaños.

Zuriel esperaba en la arena con la cola metida en el agua. Al llegar Arayáis le dijo en tono muy serio:

-       “No ha sido casualidad que yo te encontrara. Mi pueblo necesita una princesa para volver a soñar. Toda la tierra hemos recorrido buscándola mis compañeros y yo. Sólo dos cosas le hacen falta a esa mujer para nuestra reina ser. Que tenga buen corazón y  tenga buena voluntad. Por esas dos razones a ti te vine a buscar”

Ella no salía de su asombro. Él no paraba de hablar, explicó los motivos de su pueblo para elegirla a ella.

La luna, el sol y el Lucero del Alba estaban en el cielo y se reflejaban en el mar. Zuriel dijo:

-       “Arayáis, escúchame: en el cielo y en el mar está la señal. Empezaremos el ritual. ª Arayáis, por el poder que me ha sido otorgado en la asamblea que se celebra en Kablasi (ciudad de los dragones  situada al norte  del polo sur)  donde se reúnen todos los de mi especie. Cuando los grandes cambios se aproximan. Yo, Zuriel, te nombro princesa de los dragones.

La joven, no lo podía creer.  Él leyendo sus pensamientos le señaló el horizonte. Cientos y cientos de dragones de todos los tamaños volaban hacia ellos. Los rodearon con un círculo perfecto. Zuriel preguntó solemnemente:

-       “Arayáis, aceptas ser la princesa de mi pueblo,  de buen corazón y buena voluntad?
-       “Sí, sí!  Acepto – contestó.

Todos los dragones lanzaron sus llamaradas al cielo. La noche se iluminó. Bajaron sus colas en señal de afecto y amistad. Ella bajó sus ojos, junto sus manos y se despidió de ellos antes de que volaran hacia el horizontes jugando con las olas del mar.

Zuriel se quedó a su lado y de nuevo comenzó a hablar:

-       “Los príncipes y las princesas lo son por la nobleza de su corazón. Las personas se pueden poner coronas de oro y de diamante pero si sus hechos son malos, esas coronas se volverán de plomo y acabarán aplastando sus cabezas. A las princesas de verdad, como tú, aunque no lleven corona, les brilla la cara y la frente. Como si todas las joyas del mundo estuvieran engarzadas en su pelo. Da igual, si son campesinas o pescadoras. Da igual, si  nacieron en altas cunas o lo hicieron en esteras.  Sólo su corazón interesa. Tú has ganado sin saber, sin conocer que eras observada. Ahora hay una diferencia. Sabes que por tu buen corazón ganaste  y ahora quiero que sepas que por tu corazón puedes perder”.

La chica entendió. No necesitaba saber donde estaba su reino. Ni las riquezas que tenía.

Zuriel cogió las lagrimas de despedida que salían de sus ojos de dragón. Las tiró al aire y lanzó una bocanada de fuego hacia ellas. En la arena cayó un diamante como una nuez. 

- “Cógelo. Cuando me quieras ver, diciendo mi nombre, lo tienes que romper.; no hay otra forma de poderlo hacer.”

Arayáis, que seguía un poco asombrada, consiguió emitir una palabra  “Zuriel”.  El dragón espero antes de empezar su marcha.

-       “Escúchame, tengo un problema”.

En un pequeño resumen le contó los líos que tenía, por las cosas que adivinaba o que predecía.

- “La gente me tiene miedo y yo quiero ser como ellos” – acabo diciendo.


Cogiendo con sus ojos a los ojos del dragón, le preguntó:

-       “Me puedes ayudar”.
-       “Que así sea. Pero tu deseo sólo durará cinco años. Cuando se cumplan desaparecera. Si aún sigues queriendo perder tu Don, entonces para siempre lo perderás. Deseas algo más?
-       “Si Zuriel. Quisiera darte un beso mi caballero dragón.
-       “Que así sea”.

Zuriel bajó la cabeza hasta sus labios. Arayáis dejó un beso en la mejilla de escamas.

-       “Adiós princesa”.

Un par de enormes alas en la noche cruzaron el  espacio.

Arayáis guardaba todo en su cabeza. En la parte del cerebro que pone – Palabras que no puedo olvidar - .  Esa noche durmió como una reina.

Al despertar se notaba extraña. Como si algo le faltara en su cabeza. Fue a dar una vuelta por el blanco pueblo. Nada adivinaba en las caras de la gente, ni en las cosas que veía.

-       “Que bien, ahora me trataran como a uno de ellos” – se decía.


·     ·     ·


Habían pasado casi tres años desde que Zuriel le concediera su deseo y además la nombrará  princesa. La mujer miraba el diamante pensando en romperlo. No podía más, necesitaba ayuda. En todo momento había actuado con nobleza.  Siempre escuchaba a su corazón. Se iba repitiendo, mientras que a la vez recordaba, las veces que había sido engañada, utilizada, decepcionada. Las personas,  sus amigos, sus parientes,  gente en quién confiaba a través de sucias tretas querían utilizarla. A lo que le hacían ella contestaba siempre con la nobleza de su corazón.

La mano de Arayáis lanzó el diamante al suelo mientras sus labios decían:

-       “Zuriel”.

El sonido de alas, batiendo el aire, llego hasta la playa. 

-       “Zuriel, que alegría verte”
-       “Yo también me alegro, Arayáis, mi princesa que deseáis?

La princesa le contó todo  lo ocurrido y le dijo:

-       “Quiero poder saber como antes”
-       “Que así sea” – dijo el dragón.

El hueco que sentía dentro de ella se lleno.  Tenia otra vez su Don.

-       “Zuriel no lo utilizaré para atacar, lo usaré para poder defenderme”.
-       “Princesa, lo sé. Porque veo tu corona brillar en tu sien.  Importante son las cosas que nos pasan, pero más importante es la  respuesta que damos a lo que nos sucede.  Si por tus actos tu corona fuera de plomo, ya no serías mi princesa y no hubiera venido a verte”.

Hablaron y hablaron. Horas y horas  pasaron mientras conversaban. Antes de despedirse, Zuriel sacó un saquito  y del saquito sacó un diamante como una nuez.  Lo puso en la mano de la mujer diciéndole ya sabes  que hay que hacer.

A partir de ese día. Fue mejorando todo en su vida. A su Don llamo intuición. De él se dejó aconsejar.

Era Arayáis una linda ancianita cuando cogió la lagrima del dragón y diciendo: “Zuriel” – la estrelló contra el suelo. Al momento estaba ahí su caballero dragón.

-       “Qué deseáis mi princesa? Me alegro mucho de verte. – dijo el caballero mientras veía la corona como brillaba . Le parecía el sol de tanto que iluminaba.
-       “Yo también me alegro de verte, Zuriel.  Escúchame. Quiero que mi Don lo repartas. Que le des un poco a cada mujer”.
-       “Mi princesa, habrá quién lo use mal y habrá quién lo use bien”.
-       “Lo sé Zuriel, que cada una responda ante su propio ser”.
-       Que así sea.

Hubo silencio. Luego dándole una nueva nuez le dijo:

-       “Princesa ya sabes que hay que hacer”

Los dos se abrazaron. Zuriel voló hacia el polo sur. Había una nueva asamblea en Kablasi. Se avecinaban grandes cambios. Arayáis guardo la lagrima.  Fue feliz oyendo y haciendo caso de lo que decía su intuición.  Siempre acertaba si ella actuaba con nobleza y buen corazón.

La corona que llevaba en su cabeza era de oro, de diamantes , zafiros, rubíes y esmeraldas.

Dedicado a mis hijas Belen, de 17 años, y Carmen, de 4; y a través de ellas a todas las niñas.
Dedicado a Carla Magariño. Ella me pidió un cuento de princesas.

Carla, gracias princesa.





Toni Carrión.

miércoles, 5 de enero de 2011

La Puerta

La Puerta



Esta historia si fuera fantasía no tendría ninguna validez. Lo que la hace especial es que sucedió así. Tal y como la voy a contar.
El ser humano en circunstancias especiales es capaza de hacer cosas increíbles. Hechos que no sabe  explicarse y no sabe como han ocurrido, aunque sea él mismo el protagonista de los actos.
Esto es lo que sucedió, sin adornos y sin esconder nada, pues estoy seguro de que todo tuvo que ver  con lo que paso.

La moneda cayó al suelo. Había salido cruz. Nuestro camino era hacia el sur. Volvimos a repasar si teníamos todo. Caballo, coca, costo, mescas y dinero, estaba todo.
Salimos hacia Murcia y allí recogimos a Elena, luego continuamos hasta Sevilla donde pasamos tres días a tope. Llego el día de volver. Llevábamos cuatro días, sin apenas dormir, comiendo poco y drogándonos mucho. Sólo nos quedaban unos pocos petas para el camino de vuelta. El cansancio cada vez era más fuerte conforme iban pasando los kilómetros. Dejamos a Elena en Murcia cuando empezaba a anochecer. Yo ya no podía con mi alma. Le dije a  mi amigo si podría conducir él. Me dijo que sí, y así lo hizo. Cuando lleguemos a Albacete me despiertas, le dije.
Estaba ya en el pueblo cuando volví a ser consciente. Mi colega me dijo que había intentado despertarme al pasar por Albacete pero no había podido, se tomo un carajillo y siguió hasta Villamalea. Serían la una y media de la madrugada cuando llegamos. Me quedaban cuatro horas y media para entrar a trabajar y estaba agotado.
- Porfi -- le dije -- me voy a quedar a dormir en el coche hasta las cuatro, por favor, despiértame a esa hora como sea. Tengo que entrar a trabajar y no puedo llegar tarde. Hasta que yo no llego el otro no se puede ir.
Eran las cuatro y media cuando logro despertarme. Llevaba media hora intentándolo sin éxito, y echándome agua lo consiguió. Vi la hora, se me hacia tarde, no podía perder un minuto más. Desde el pueblo de donde estaba "Villamalea" hasta el que yo vivía "Casas De Ves" había treinta kilómetros. Salí con una idea fija.
- No me puedo dormir, tengo que llegar al trabajo a la hora.
El traqueteo del coche me sobresalto. Me estaba saliendo de la calzada. Me había quedado dormido, y no podía parar, tenía que llegar al trabajo. Tome la única curva que hay. Ahora ya estaba en la recta. Otro sobresalto al pisar el arcén, el traqueteo me volvió a avisar de que me salía de la carretera.
- No puedo quedarme dormido, no me puedo dormir, tengo que llegar a mi hora... como sea.
Me iba repitiendo a mí mismo una y otra vez: "Tengo que llegar, no me puedo dormir". Apenas y llevaba cuatro kilómetros, cuando de pronto abrí los ojos, y dije:
- Hostia una curva.
Intenté frenar, pero el coche se me fue y me di con la parte de atrás contra los quita miedos de cemento, ¿dónde estaba? ¿Cómo había llegado hasta allí? Yo estaba en la recta ahora mismo. A lo lejos se veían las luces de un pueblo que al poco tiempo reconocí, estaba en "Alcalá del Júcar". Se me erizó el pelo. Me entro miedo y no quise bajar a ver los daños que me había hecho con el golpe. Comprobé que el coche iba, con ruido, pero iba. Di la vuelta y volví hacia mi pueblo. Yo, antes, estaba en la recta de "Villamalea", y acto seguido, había pasado "Alcalá". No podía entender cómo, quizá me había metido en un túnel del espacio, si es que eso existe.
Me había desviado de mi camino unos diez y ocho kilómetros, y había hecho unos treinta y cinco kilómetros, ocho de ellos de cuestas y curvas que se han tomar en segunda, sin saber como, ni quién había llevado el coche. El sueño había desaparecido, y desde "Alcalá" hasta "Casas De Ves" no paraba de pensar en como había podido pasar. Había hecho treinta y cinco kilómetros sin saber como. Llegue a mi casa y quise pensar que lo había soñado. Pero esa opción quedó descartada cuando vi el parachoques colgando.
En mi consciente está que pasé de decir "no me puedo dormir" a "Hostia una curva", que había recorrido treinta y cinco kilómetros sin saber como. Que el punto donde me encontraba no entraba en la ruta que debía seguir.
No sé quién me llevo, si fue un marciano o un ángel, o si fue el inconsciente o el subconsciente. Algo actuó dentro de mí, o fuera de mí, para evitar que tuviera un accidente y que pudiera hacer lo que hice.
La única forma lógica que encuentro para decir lo que paso es: anoche atravesé una puerta del espacio, entre a cuatro kilómetros de Villamalea, y salí a tres kilómetros de Alcalá del Júcar. Recorrí  treinta y cinco kilómetros en apenas un abrir y cerrar de ojos. Claro, suponiendo que estás puertas existan.

Saca las conclusiones tú mismo. Interprétalo como quieras, pero no dudes, de que así sucedió.

Post-data:
Pude llegar al trabajo a tiempo.


Toni Carrión
Dedicado a José, Txontas, Migue, Nelo y a todos los amigos de "El Asesino"

lunes, 13 de diciembre de 2010

Maruxa y Xoxé ... o la continuación escondida de El Cruceiro

Maruxa y  Xoxé



La niebla se lo dijo al lobo. El lobo lo aúllo a la zorra. La zorra se lo ladró al búho.  El búho a su vez se lo cantó al cuervo. Y el cuervo se lo graznó a la chimenea. Luego pasó de la chimenea a la hoguera, de la hoguera a la silla y de la silla pasó a la bruja. La Maruxa, como era conocida en su aldea, abrió grandes ojos al oír la noticia.  “No puede ser” empezó a repetirse una y otra vez, “no puede ser”.

Quitándose el mandil se dirigió a la alacena de donde saco un velón rojo que encendió murmurando una vieja letanía. Lo plantó en el centro de la estancia. Puso su pañuelo negro en la cabeza. Calzó sus zuecos y se lanzó a la calle. A pesar de los años el caminar de la anciana era ágil. Rápidamente llegó hasta la abierta puerta del cementerio. Lo cruzó hasta llegar a la parte trasera de la ermita. Se paró ante un mausoleo bien cuidado. De dueños con dinero.

Maruxa, después de pasar varios minutos giró sobre sus talones. Ahora los movimientos eran cansados,  lentos y dolorosos. Volvió a cruzar el camposanto, y ya en la puerta, encontró a Xoxé, que llegaba con la lengua fuera.  Apenas un metro entre ambos los separaba. Xoxé con la mirada preguntaba, y Maruxa, con la mirada respondía.

Xoxé cogió la vieja mano,  y casi llorando dijo:
-          Maruxa, dime que no es verdad lo que cuenta la niebla. 
Maruxa correspondió y cogió las dos viejas manos del viejo Xoxé.
-          Si que lo es. Es verdad. La sombra negra está de nuevo en los caminos y en el bosque.
No se cruzó ninguna palabra más entre ellos. Maruxa se apoyaba en Xoxé de retorno hacia su casa. Los dos entraron. Se sirvieron dos copas de orujo. El fuego líquido bajó por sus pechos calentando los ánimos de los ancianos.
-          Tenemos que volver a hacerlo  Xoxé.
-          Lo sé   - dijo él.
-          Maruxa me pregunto: ¿podremos hacerlo otra vez?
-          No lo sé, Xoxé, pero lo intentaremos.
-          Estamos ya viejos mujer.
-          Lo sé, también, eso, lo sé.
Xoxé se lleno otro vaso y dijo:
-          Voy a tocar las campanas. Primero tocaré a difuntos y luego a fuego. Así lo haré una y otra vez. Los paisanos deben saber lo que está pasando. Que se queden en sus casas de noche. Que atranquen ventanas, chimeneas y puertas.
Maruxa, asentía con la cabeza mientras imaginaba a sus amigos y vecinos aterrorizados por el mensaje que salía del campanario.
Xoxé salió rumbo a la ermita, y Maruxa, quedó pensando en otro tiempo.
Hacia ya cuarenta y tres años cuando los dos se amaban con locura. Antes de que las circunstancias malditas separaran sus vidas. Los dos se habían prometido amor eterno, pero el fatídico destino les hizo vivir vidas separadas. Los dos sabían que nunca se habían dejado de amar, y que aunque hubieran sentido otros amores, ninguno se le podía comparar.
La tarde empezó a oscurecer. La aldea, se llenaba de golpes de puertas y ventanas que se cerraban. Xoxé entro en casa de Maruxa, la cogió de las manos y le preguntó:
-          ¿Me amas como entonces?
-          Si.  – dijo temblorosa la anciana.
-          ¿Y tú, me amas como entonces? 
-          Si. – dijo Xoxé mientras se abrazaba a ella después de cuarenta y tres años de espera.
-          Maruxa, sólo con amor lo podemos hacer.
-          Lo sé, Xoxé, siempre supe que llegaría el día que nos volveríamos a unir. Aunque nunca pensé que fueran estas las circunstancias.
Ya había oscurecido del todo. La noche presagiaba el espanto. La pareja cogida de las manos, salió de la casa de bloques de piedra. Atravesaron la aldea camino del bosque. Los zuecos sonaban al chocar sobre los adoquines. Desde alguna casa, a través de las puertas, oían a sus vecinos deseándoles bendiciones.
Habían dejado atrás la aldea y delante tenían la noche, oscura y mágica. La niebla bajaba de la montaña, rápida, como si deseara que nadie viera lo que iba a ocurrir.
Ya la niebla los envolvía y los mojaba. Sus manos se apretaban con fuerza y a veces uno, o a veces el otro, se preguntaban si aún se amaban como entonces. Ambos respondían que más, mucho más que antes. Sus manos se apretaban tanto, que empezaban a enrojecer. Empezaron a  calentarse y el calor subió por sus brazos y recorrió sus cuerpos. Los cuerpos estaban al rojo vivo y seguían aumentando de temperatura hasta llegar al blanco fuego.
Eran dos bolas de fuego luminosas, en medio del bosque. 
Disipando cualquier sombra oscura.


Toni Carrión

viernes, 3 de diciembre de 2010

Lluvia, llueve.





Las gotas picotean los cristales. En la calle gentes que se resguardan y pasajeros de la lluvia que caminan entre el agua. Ajenos al tiempo que haga en la calle está su casa.
Casa sin ladrillos,
sin paredes,
ni esperanzas,
donde la lluvia al caer suele calar
hasta el alma.







Toni Carrión

¿Dónde están las personas?





Me preguntó: ¿De qué pasta estamos hechos?, o dicho de otra forma: ¿Dónde están los hombres y mujeres que quieren vivir de pie y no de rodillas?.
Vamos con el "por favor señor, deme trabajo, por favor". Ya está bien, el trabajo es un derecho. Cualquier estado que sea honesto debe garantizar a todos la posibilidad de ganarse la vida con honradez.  Debe garantizar que nadie se aproveche de los más débiles. Que nadie sea explotado.
No todos hemos tenido la posibilidad de poder estudiar y tener el título colgado en la pared.  Muchos somos los que tenemos las paredes vacías, y nosotros, "los sin diploma" somos los que mantenemos esta puta mierda.  Hacemos lo que nadie quiere hacer, y a cambio, nos dan unas migajas y ningún reconocimiento.
¿A quién le gusta estar ocho horas, o nueve, o siete, o doce o más haciendo todo el día lo mismo? Así, mes a mes, año a año, a cambio de un salario que da para mal vivir. Das tu vida entera para recibir una frustración tras otra.
Lo natural es la no resignación y la rebelión ante lo injusto. Lo lógico y natural es ponerse en movimiento.






Toni Carrión

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Sé que estás ahí ...

Sé que estás ahí



Sé que estás ahí. Llevando la "utopía" de vivir respetando los demás adelante.
Sé que estás ahí, alucinando por lo que ves y lo que oyes. Sé que estás ahí, deseando que algo suceda, que algo se mueva, que alguien diga basta por tí. Sé que estás ahí, resignado, muriendo en tu apatía. Dejando que las noches sucedan a los días.
Yo también estoy ahí y quiero decir: "basta, ya está bien".
¿Quién quiere coger mi mano y unir su garganta a la mía, para gritar que así no?
¿No quieres sentir que aún puedes luchar? ¿No quieres poner la semilla para que nuestros hijos tenga un futuro alegre, lleno de vida y realización?, ¿o es que prefieres la frustración y las cadenas?
Nosotros, la buena gente, mantenemos esto. Tenemos buena voluntad, pero no somos idiotas.
Salgamos del rincón donde estamos metidos y comencemos la lucha. Nadie lo va a hacer por nosotros. Vivir así ofende.

Sé que estás ahí.



Toni Carrión

Toc Toc Toc Toc


Toc - Toc - Toc - Toc



Cuatro veces llame a la puerta,
Toc - Toc - Toc - Toc
¿Hay alguien? Pregunté.
Nadie contesto.
Toc - Toc - Toc - Toc
Volví a tocar.
!¿No hay nadie en el lugar?!
Volví a exclamar.
Toc - Toc - Toc - Toc
Doce golpes llevaba ya.
El silencio seguía valiendo, lo volví a intentar.
Toc - Toc - Toc - Toc
Dieciséis toques sumaba.
Era ya mucho llamar.
Esperaré un rato, no deben estar.
Aunque ahora tocaré con más fuerza.
Seguro que me oirán.
Toc - Toc - Toc - Toc
Veinte, veinte en total.
La puerta no se abrió.
La cosa estaba clara.
No debía estar.
San Pedro había salido, sin duda a almorzar.
Me sentaré un rato a esperar.
Cuando descanse, vuelvo a llamar.

El portero de las puertas del cielo, en volver, no puede tardar.

Dedicado a Bod Dylan.




Toni Carrión